Entendemos mal a los musulmanes
Entendemos mal a los musulmanes
Fecha edición: 18-02-2006
El año pasado, cuando se dijo que el Corán había sido denigrado por guardias americanos en Guantánamo, los musulmanes reaccionaron con rabia. Sin embargo, la mayor parte de los observadores occidentales no entendieron por qué. Era fácil para los cristianos y los judíos -las otras "personas del Libro"- entender que un insulto al Corán era similar a un insulto hecho contra la Biblia. Ese hecho sería suficiente sacrilegio, pero fue peor.
Se puede caer en engaño haciendo analogías entre las religiones, ya que el Corán, de acuerdo con la creencia islámica, representa más lo que es Jesús para la fe cristiana que la Biblia misma. Además, personifica el principio de encarnación, a partir de la murmuración de las palabras santas que Dios le dijo a Mahoma. Es la forma como experimentan nuevamente la presencia de Dios.
Quienes no son musulmanes tienden a pensar que el Profeta es para el Islam algo así como Jesús para el cristianismo. Pero no: es el Corán el que ocupa ese lugar central. De ahí que la celebración visual islámica esté centrada en la caligrafía y no en las imágenes. Por lo tanto, cuando se falta el respeto al Corán, el insulto que sienten los musulmanes es como si se insultase a Dios mismo.
El insulto, por cierto, es el centro del problema que se ha manifestado explosivamente ante el mundo en estos días. Las caricaturas danesas de Mahoma fueron como una llama puesta sobre una espoleta cebada y las reacciones de todo el Islam frente a las imágenes apuntan, más allá de la inmediata provocación, a un sentido mucho amplio del que han manifestado los musulmanes.
El mundo islámico parece estar sorprendentemente unido en el envío de un severo mensaje a Occidente. Es por esto que los europeos y americanos, en lugar de concentrarse en lo que sucedió "incorrectamente" con el Islam, harían bien en recibir ese mensaje. Podríamos recordar, por ejemplo, que las verdaderas estructuras de la política, cultura y pensamiento que definen la civilización occidental se erigieron expresamente en oposición al Islam hace más de mil años. Lo que llamamos "Occidente" nació en el choque de civilizaciones que tuvieron su clímax en las Cruzadas. Entre los europeos y, después, los americanos la polaridad intelectual se fue sublimando durante los siglos, pero el insulto se mantuvo entre los musulmanes y resucitó poderosamente por el ataque del colonialismo.
La economía del petróleo, incluyendo la creación de una clase local represiva de oligarcas patrocinados por Occidente, cerraron la puerta a ese deplorable insulto. Como para estar seguros de que se sintiera más fuertemente que nunca, Europa importó "trabajadores huéspedes" del mundo islámico, consignándolos abiertamente como una subclase. Y, entonces, Estados Unidos lanzó sus guerras...
Una de las principales disociaciones en el conflicto actual es la forma en que el análisis europeo y americano se ha obsesionado con los arranques de ira en las calles, aparentemente anárquicos. De esa forma han olvidado lo brutalmente violento que ha sido el ataque físico y psicológico de la "coalición" después del 11-S. Las turbas arrojan piedras a las ventanas de las oficinas consulares europeas y la legión de televidentes de CNN se espanta con horror. Mientras, naves teledirigidas vuelan a través del desierto dejando caer cargas de fuego sobre los agricultores y sus aldeas. Pero CNN no está ahí.
Se están gastando miles de millones de dólares cada mes para imponer una solución americana en un problema árabe. Pero los musulmanes entienden la nueva realidad mucho mejor que quienes no lo son; el estado de abierta guerrilla cultural que Occidente imagina es una guerra estrechamente dirigida contra el "terrorismo". Los musulmanes se sienten en el extremo receptor de un asalto salvaje. ¿Están, acaso, equivocados?
En el argumento sobre los valores de "esclarecimiento", encendidos por las caricaturas, algunos campeones de la libre expresión han caído en el viejo y mortal error que en el siglo XX llevó a una grotesca traición de esos mismos valores: la categorización subvalorada de los seres humanos, que considera despreciable la vida de algunos. ¿Por qué los estamos matando? Este caso vuelve sobre el tema de la ilegítima guerra americana. Amenaza encender el siglo y debe ser detenida.
envio rui mendes
Fecha edición: 18-02-2006
El año pasado, cuando se dijo que el Corán había sido denigrado por guardias americanos en Guantánamo, los musulmanes reaccionaron con rabia. Sin embargo, la mayor parte de los observadores occidentales no entendieron por qué. Era fácil para los cristianos y los judíos -las otras "personas del Libro"- entender que un insulto al Corán era similar a un insulto hecho contra la Biblia. Ese hecho sería suficiente sacrilegio, pero fue peor.
Se puede caer en engaño haciendo analogías entre las religiones, ya que el Corán, de acuerdo con la creencia islámica, representa más lo que es Jesús para la fe cristiana que la Biblia misma. Además, personifica el principio de encarnación, a partir de la murmuración de las palabras santas que Dios le dijo a Mahoma. Es la forma como experimentan nuevamente la presencia de Dios.
Quienes no son musulmanes tienden a pensar que el Profeta es para el Islam algo así como Jesús para el cristianismo. Pero no: es el Corán el que ocupa ese lugar central. De ahí que la celebración visual islámica esté centrada en la caligrafía y no en las imágenes. Por lo tanto, cuando se falta el respeto al Corán, el insulto que sienten los musulmanes es como si se insultase a Dios mismo.
El insulto, por cierto, es el centro del problema que se ha manifestado explosivamente ante el mundo en estos días. Las caricaturas danesas de Mahoma fueron como una llama puesta sobre una espoleta cebada y las reacciones de todo el Islam frente a las imágenes apuntan, más allá de la inmediata provocación, a un sentido mucho amplio del que han manifestado los musulmanes.
El mundo islámico parece estar sorprendentemente unido en el envío de un severo mensaje a Occidente. Es por esto que los europeos y americanos, en lugar de concentrarse en lo que sucedió "incorrectamente" con el Islam, harían bien en recibir ese mensaje. Podríamos recordar, por ejemplo, que las verdaderas estructuras de la política, cultura y pensamiento que definen la civilización occidental se erigieron expresamente en oposición al Islam hace más de mil años. Lo que llamamos "Occidente" nació en el choque de civilizaciones que tuvieron su clímax en las Cruzadas. Entre los europeos y, después, los americanos la polaridad intelectual se fue sublimando durante los siglos, pero el insulto se mantuvo entre los musulmanes y resucitó poderosamente por el ataque del colonialismo.
La economía del petróleo, incluyendo la creación de una clase local represiva de oligarcas patrocinados por Occidente, cerraron la puerta a ese deplorable insulto. Como para estar seguros de que se sintiera más fuertemente que nunca, Europa importó "trabajadores huéspedes" del mundo islámico, consignándolos abiertamente como una subclase. Y, entonces, Estados Unidos lanzó sus guerras...
Una de las principales disociaciones en el conflicto actual es la forma en que el análisis europeo y americano se ha obsesionado con los arranques de ira en las calles, aparentemente anárquicos. De esa forma han olvidado lo brutalmente violento que ha sido el ataque físico y psicológico de la "coalición" después del 11-S. Las turbas arrojan piedras a las ventanas de las oficinas consulares europeas y la legión de televidentes de CNN se espanta con horror. Mientras, naves teledirigidas vuelan a través del desierto dejando caer cargas de fuego sobre los agricultores y sus aldeas. Pero CNN no está ahí.
Se están gastando miles de millones de dólares cada mes para imponer una solución americana en un problema árabe. Pero los musulmanes entienden la nueva realidad mucho mejor que quienes no lo son; el estado de abierta guerrilla cultural que Occidente imagina es una guerra estrechamente dirigida contra el "terrorismo". Los musulmanes se sienten en el extremo receptor de un asalto salvaje. ¿Están, acaso, equivocados?
En el argumento sobre los valores de "esclarecimiento", encendidos por las caricaturas, algunos campeones de la libre expresión han caído en el viejo y mortal error que en el siglo XX llevó a una grotesca traición de esos mismos valores: la categorización subvalorada de los seres humanos, que considera despreciable la vida de algunos. ¿Por qué los estamos matando? Este caso vuelve sobre el tema de la ilegítima guerra americana. Amenaza encender el siglo y debe ser detenida.
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